Hay una razón por la que esta pieza evoca la sensación del crepúsculo. Cada piedra fue elegida para ese momento en que el día se desvanece y la mente finalmente se aquieta: tres tonos de violeta, azul y plata que pertenecen al cielo justo después de la puesta de sol.
Amatista
La amatista ha gozado de fama por su claridad y serenidad desde la antigüedad. Su intenso color violeta se ha asociado durante mucho tiempo con la realeza, un color que antaño coronaba a reyes y obispos como símbolo de juicio lúcido. Leonardo da Vinci creía que podía disipar los pensamientos indeseados y agilizar la mente. En este caso, es la piedra ideal para quienes desean sentirse más centrados y con mayor control de sus pensamientos.
Aguamarina
La aguamarina toma su nombre del mar; su azul pálido recuerda a la espuma de una ola al romper. Según la tradición antigua, estas piedras eran las lágrimas fosilizadas de sirenas, que los marineros llevaban consigo como amuleto de la suerte. Esto le confiere a la pieza una serenidad acuática: fresca, clara y discretamente reconfortante.
Piedra de la luna
La piedra lunar cierra el trío con su suave brillo plateado: la luz cambiante conocida como adularescencia que parece flotar justo debajo de la superficie. Atesorada en la India durante siglos como piedra sagrada de esperanza y pureza espiritual, también se dice que alivia el estrés de una vida laboral exigente. Es la soñadora de las tres, suavizando las asperezas de un largo día.
Juntas, forman una pulsera ideal para momentos de tranquilidad, no para los más bulliciosos: el momento de relajarse al atardecer, la mañana tranquila, esa pausa que siempre has querido hacer. Luce ligera y elegante, sin importar con qué se combine.
Las cuentas están acabadas en acero inoxidable de alta calidad, elegido para que conserve su brillo y sea suave para la piel incluso con el uso diario.
Elemento: Agua, Aire
Signo del zodiaco: Acuario, Virgo, Sagitario, Capricornio, Piscis, Cáncer, Aries, Géminis, Escorpio
Esta pulsera armoniza los chakras de la garganta, el tercer ojo y la corona.
























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